José Augusto Azpúrua G.

¡Agárrate de la brocha...!














José Augusto Azpúrua G.





3erPolo
















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En esta semana tuve la oportunidad de ver en televisión una entrevista que le hicieran al presidente de la cámara de panaderos, quien trataba de hacer ver lo justificado de un aumento en el precio del pan que consumimos los venezolanos.

Esa entrevista nos demuestra que el precio del pan en Venezuela es un factor del sector privado de la economía, pero controlado por el gobierno.

La interrogante que de inmediato ha de generarse en la mente de cualquiera que se detenga a examinar esta cuestión debe ir por uno de dos derroteros: 1) ¿cuán razonable es que los panaderos soliciten una autorización de aumento de precio del pan? o, 2) ¿cuán razonable es que el gobierno controle los precios del pan?

Si tomamos por la primera dirección, encontraremos razones para que se suba el precio y razones para que no se permita que lo hagan.

El aumento puede ser debido a apetencias desordenadas y codiciosas de los panaderos, o un hecho económico justificado por alguna ocurrencia fuera del control de los panaderos, que es lo que ellos alegan. Y esta última posibilidad es la que resulta más cierta (sin detrimento del hecho que existen, como en todas las áreas del quehacer humano, panaderos que son verdaderamente codiciosos).

El valor o poder adquisitivo del bolívar está en continuo descenso por razón de que el BCV aumenta continuamente la cantidad de billetes en circulación, sobre la cual la banca expande la cantidad de dinero crediticio; y, al aumentar la cantidad de dinero en circulación sin un aumento congruente de bienes y servicios, se altera la relación entre la cantidad de bienes y servicios y el dinero, y, por ende, tiende la moneda a perder valor y los precios a subir en términos nominales.

Esa sería razón más que suficiente para que se concediera autorización a los panaderos para que subieran los precios del pan, por cuanto sus insumos, todos, habrán sufrido aumentos de precios; especialmente los importados. Ahora bien, si el gobierno mantiene un sistema de control de cambio, y provee las divisas a un tipo de cambio preferencial, entonces espera que los precios se mantengan fijos al igual que el tipo de cambio preferencial al cual pretenden convertirlo, a juro, pero infructuosamente en una relación fija.

Existen leyes naturales que impiden que los humanos alcancemos ciertos objetivos. Uno de ellos es, por ejemplo, el caso de la gravedad, que dio pie al famoso cuento del loco que le pidió al pintor montado en una escalera que se sujetara a la brocha porque se iba a llevar la escalera. Cuando los gobiernos aumentan la cantidad de circulante por medio del banco central y la consiguiente expansión de dinero crediticio por parte de la banca, y espera que los precios (incluyendo el de las divisas) se mantengan fijos, tal pretensión es exactamente igual a la del loco que aspira a que el pintor se sostenga a una brocha para que pueda quedarse a cierta altura. Sin embargo... ¿cuán pocas personas son capaces de percatarse y aprehender este hecho? Pedirle a los panaderos que mantengan sus precios inalterados cuando la masa monetaria aumenta a razón de un porcentaje anual de más de dos dígitos, es el equivalente de pedirle al pintor que se sujete a la brocha para poder quitar la escalera.

Obviamente, se puede percibir un deseo por parte de la burocracia que interviene la economía para tratar de fijar los precios en beneficio de los consumidores, que se puede calificar de bondadoso; pero tan poco objetivo que nos debería causar la misma hilaridad que el cuento del loco. Vemos entonces al estudiar las razones por las cuales se pudiera autorizar el aumento en el precio del pan, que son precisamente quienes pretenden fijar los precios por medio de una locura, quienes quieren simplemente eliminar las irremediablemente necesarias consecuencias de sus acciones previas. Y el percatarnos de esa realidad objetiva nos ha de conducir entonces por el segundo derrotero a preguntarnos ¿cómo va a ser posible que unas personas puedan ser tan insensatas como para pretender, por medio de una locura, aspirar a lograr que no se eleven (nominalmente) los precios de absolutamente todos los bienes y servicios del país?

Puede uno entonces concluir que el que los burócratas del gobierno pretendan controlar los precios para beneficio de los consumidores, tanto del pan como de cualquier otro bien o servicio, en un ambiente monetario inflacionario, constituye una aspiración carente de cordura.

Si el gobierno limitara su papel en el área monetaria a acuñar moneda de una ley constante en un metal noble y el BCV se limitara a imprimir billetes tan sólo por el monto de las monedas que tuviese en su poder, pero que pertenecerían a los billetehabientes, el circulante aumentaría por causas de aumentos en la producción, efectuados por aumentos de dinero crediticio bancario, con lo que los precios tenderían a mantenerse constantes, e inclusive a la baja, cuando se producen mejoras en la productividad. Así, con un dinero de valor estable, el sector privado podría tener mejores condiciones para las proyecciones y cálculos económicos, y los consumidores tendrían precios controlados por la realidad económica, y no por los alocados sueños y aspiraciones burocráticas que resultan absolutamente infructuosos por ser como los del loco de la escalera .
















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3erPolo

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