José Augusto Azpúrua G.

Los principios: De la riqueza y la justicia













José Augusto Azpúrua G.





3erPolo
















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Así como dijera Martí que en el mundo hay dos campos; el de quienes aman la libertad porque la quieren para todos y el de quienes la aborrecen porque no la quieren sino para sí mismos; también hay dos campos en el área de la propiedad: El de quienes la entienden como consecuencia natural del trabajo productivo sobre sus frutos, y el de quienes no la entienden así, sino como el producto de una decisión de quienes ostenten el poder político en un momento y lugar determinados que "reconocen" la propiedad tan sólo de parte de lo producido y se quieren apropiar el resto, por medio del empleo de diversas argumentaciones, tales como la necesidad de contribuir a los gastos comunes, o a algo llamado el "bien común" que no parece ser otra cosa que el bienestar de los miembros más descollantes de la "nobleza" (¿?) política en el Gobierno. Y menciono a Martí y su pensamiento, por cuanto la libertad es precisamente, más que un derecho que tenemos todos y cada uno de los seres humanos, una obligación: La de respetar la integridad física de los demás, así como la patrimonial, que supone el poder haber dispuesto de su propia persona y bienes, en el sentido de producir y generar nuevas riquezas.

 

Hay dos formas de lograr riqueza, y sólo dos: Una es trabajando y produciéndola, ó quitándosela a quien trabajó y la produjo.

 

Marx, a mediados del Siglo XIX, en su obra "El manifiesto Comunista", abogó por el segundo método: El del despojo forzado de los tenedores de capital, por cuanto consideraba que el haber llegado a poseer unas enormes riquezas no era posible sin que se hubiese producido la "explotación del hombre por el hombre". Pero resulta que no hay explotación posible cuando las transacciones entre los seres humanos son voluntarias. Lo que no pareció Marx ser capaz de entender es que las riquezas que en un momento dado puede tener (u ostentar) una persona, puede siempre tener dos orígenes y no más: O son fruto del trabajo productivo, o son fruto del despojo de uno por otro.

 

Cuando las personas entienden esta realidad de la procedencia de la riqueza, pueden percatarse de las razones que las impulsan a adoptar una u otra manera de percibir la propiedad. Hay quienes, siendo trabajadores y capaces de producir, defienden el primer medio de producción de riqueza: el trabajo productivo; y hay quienes defienden la tesis de la propiedad fruto de las decisiones políticas.

 

Entendiendo tal diferencia, podremos también entender que hay dos clases de compresión de la justicia: La de quienes ven la justicia como un intento de mantener la integridad física y patrimonial de quienes trabajan y producen; y, la de quienes sostienen que no existe derecho de propiedad fuera de la voluntad de una pequeña parte de la población que se arroga la facultad de "representar" la voluntad del soberano -del pueblo.

 

Quienes piensan de acuerdo a la propiedad como fruto del trabajo, aman la libertad porque desean la soberanía de cada persona sobre sí misma. Quienes piensan de la propiedad como fruto de una decisión política aborrecen la libertad porque no quieren la soberanía de cada persona, sino la de ese grupo sobre el pueblo, contemplado como una masa amorfa e impersonal, y no como una asociación de personas libres y soberanas.

 

La justicia entonces tendrá dos enfoques: El de quienes entienden el respeto al trabajo (a la propiedad) como la base de la justicia, y quienes la entienden como una magnanimidad de los jueces, a quienes obviamente habrá de rendírseles pleitesía para obtener fallos favorables.

 

De acuerdo a la clase de personas que tengamos en el país serán nuestros resultados. Y si hasta ahora han sido magros, se deben tan sólo a la filosofía imperante en el momento. Cuando Gómez y Pérez Jiménez, se hacía respetar (aunque con excepciones) el derecho de propiedad conferido por el trabajo. Desde la llegada de los socialistas al poder (social demócratas, social cristianos o social socialistas) que se abandonó la filosofía del derecho de propiedad conferido por el trabajo sobre sus frutos, se inició el empobrecimiento de la gente trabajadora, que se ha profundizado en la medida que los gobernantes han ido despojando, cada día con más saña, los pocos trabajadores productivos que van quedando.

 

Si cambiamos nuestra filosofía hacia la que tuvimos en épocas pasadas, cuando éramos ricos y no lo sabíamos: el derecho de propiedad basado en el trabajo productivo, es posible que volvamos a tener nuevamente riquezas y justicia.
















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