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José Augusto Azpúrua G.

El bolívar debería valer 3,90 dólares













José Augusto Azpúrua G.





3erPolo
















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Si hubiésemos tenido y tuviésemos unos gobernantes serios, responsables y cumplidores de su obligación, el bolívar hubiese tenido que mantener su valor, en lugar de perderlo y seguirlo perdiendo.

Desde 1918, en que una ley estableció su valor, hasta 1974 en que un decreto ley se lo quitó, al menos legalmente, un bolívar era un peso determinado de oro puro, ya que el banco emisor, el BCV, tenía la obligación de cambiar los billetes en oro a esa tasa establecida por la ley. El bolívar era, entonces, una cantidad determinada de oro y los billetes de banco eran tan sólo un sucedáneo, un talón de reclamo para ir a reclamar los bolívares, o el dinero de verdad, verdad: el oro.

El oro era un dinero de muy alta calidad porque, a diferencia con el dinero de papel que se emplea en la actualidad, cumplía a cabalidad con los roles que le corresponden: 1) Medida de valor o unidad de cuenta; 2) Medio de intercambio; y 3) Almacén de valor.

El oro tiene en la actualidad una relación de valor con el resto de los bienes y servicios disponibles, que es muy similar a la que siempre tuvo hasta la década de los 80, cuando su valor se disparó (temporalmente) con relación a los otros bienes y servicios.

Al mantener su valor (o ser inclusive superior) cumple a cabalidad con su función como almacén de valor; es decir, al yo cambiar mi trabajo o alguno de mis bienes por oro, puedo guardarlo y saber que siempre voy a ser capaz de adquirir el mismo monto de bienes y servicios, o hasta un monto superior en fecha futura.

Al mantener una relativa paridad con el resto de los bienes y servicios, se convierte en una unidad de medida de valor que resulta ser relativamente estable si se compara con otros medios. El dólar, por ejemplo, vale hoy menos de la sexta parte de lo que valía en 1960. Así que si una persona ganaba 5 dólares la hora en 1960, tendría que ganar más de 30 dólares la hora hoy en día para poder comprar el mismo monto de artículos que compraba con ello en 1960.

Obviamente, la realidad nos demuestra que tal relación no se ha mantenido; y la gente gana, en su enorme mayoría, menos (aproximadamente 11%), en términos de poder de compra, en este siglo XXI que lo que ganaban en 1960. Y ese deterioro, relativamente pequeño en los Estados Unidos, es considerablemente mayor en Venezuela donde el deterioro del dinero (a una dosmilésima) y del poder adquisitivo de la mayoría de la población ha sido grotesco (más del 50%).

El bolívar de hoy vale 1/3200 dólares, en lugar de valer 3,90 dólares, como tendría que ser si los gobernantes encargados de la emisión de dinero no hubiesen sido unos ladrones redomados, y hubiesen limitado la emisión de billetes al que podían emitir para mantener una relación constante entre la cantidad de billetes emitidos y la cantidad de oro en sus bóvedas para entregárselo, a su requerimiento, a sus legítimos dueños: los billetehabientes.

Y el bolívar actual, en términos de oro, en lugar de valer 0,29 gramos vale 0,0042 gramos de oro (un 1,4% de lo que valía).

Ese deterioro en el valor del dinero (98,6%) equivale a que el gobierno le baje el salario a la población trabajadora que no logra conseguir aumentos que le compensen totalmente tal caída, y ese diferencial que se produce, es la causa del empobrecimiento que hemos sufrido los venezolanos, y que se sigue produciendo a pesar de ser ya un país de gente mísera.

Es menester detener esa creación de dinero que empobrece a la gente, mediante el establecimiento de un patrón de valor para la moneda; aunque idealmente, la libre emisión por parte de cualquier entidad sería el remedio más idóneo, por cuanto la competencia constituye el mejor acicate para que cualquier bien, desde el dinero hasta un cohete a la luna, tengan la mayor calidad al menor costo.

Si nuestro dinero siguiera valiendo lo que 0,29 gramos de oro, cada bolívar tendría que valer $3,90 y no los vale porque hemos tenido gobiernos ladrones durante casi medio siglo. Y su característica común es que todos han sido socialistas: social demócratas, social cristianos, o social socialistas o comunistas, como éste último que nos ahoga.

Un verdadero cambio sería pasar de unos gobiernos socialistas a un gobierno capitalista que no falsifique el dinero.
















3erPolo

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