Make your own free website on Tripod.com








José Augusto Azpúrua G.

Utilidades Cambiarias del BCV = Robo al Pueblo













José Augusto Azpúrua G.





3erPolo
















joseapeq.jpg

 
 
 
 

Cuando se habla de emplear las utilidades cambiarias del BCV para financiar proyectos del gobierno, la mayor parte de la gente resulta incapaz de ver la realidad de tal tipo de transacción para poder entender su naturaleza absolutamente inmoral e injusta, por cuanto constituye un robo que efectúa el gobierno al pueblo.

Para poder entender la injusticia e inmoralidad de tal acción es preciso retro traernos a la época del trueque; la que precedió a la existencia del dinero, a fin de entender la naturaleza de éste. Cuando se trocaban bienes o servicios por otros, existía una justicia intrínseca; alguien daba algo de valor, fuese un bien o trabajo, a cambio de otra cosa similar. Y en la transacción, si era efectuada voluntariamente, ambas partes se beneficiaban, por cuanto ambas valoraban en mayor grado lo que recibían que lo que daban a cambio, ya que de lo contrario no podía tener lugar la transacción.

Pero este tipo de comportamiento tenía un defecto grave: para que se pudiese producir el trueque tenía que existir una doble coincidencia de necesidades, ambas partes tenían que tener y estar dispuestos a entregar lo que la otra parte necesitaba, en las cantidades apetecidas por cada uno de los actores.

De allí que hubiese en muchos casos la necesidad de efectuar un trueque indirecto. Una de las dos partes trocaba lo que tenía por alguna otra cosa que le resultara apetecible a quien tenía lo que la persona deseaba. Y poco a poco fue surgiendo de entre la gente aquella cosa que resultaba más apetecible para ellos como el medio común de intercambio indirecto: el dinero.

Muchas cosas sirvieron como dinero, por ejemplo el tabaco en las colonias inglesas de Virginia, y algunas otras en lo que luego se convirtió en los Estados Unidos de Norte América. Pero los objetos que resultaron ser más populares en ese asunto del trueque indirecto, los metales se llevaron la palma, y especialmente el oro y la plata; aunque el cobre fue muy popular para las transacciones de muy poco valor.

Pero los metales preciosos atraían a los amigos de lo ajeno como la luz a las mariposas, y por ende, surgieron especialistas en guardar los metales de manera segura: los primeros banqueros. Y éstos con frecuencia daban recibos por el metal que recibían, que podían ser cambiados por oro. Surgieron así los billetes de banco.

Cuando la gente se hubo habituado a ver esos billetes como dinero, en lugar del oro o la plata que representaban, los gobernantes, conociendo el patriotismo de la gente, asumieron el monopolio en ese asunto de emitir los billetes. Y una vez logrado tal objetivo, comenzaron a emitir más billetes del oro que tenían para dar a cambio de los billetes emitidos, y así, en lugar de tener unos billetes que constituían un talón de reclamo para recibir una cantidad determinada de oro, se convirtieron en el dinero propiamente dicho, con lo cual se acabó el concepto del trueque, ya que los gobiernos comenzaron a poder recibir bienes y servicios, no a cambio de metales preciosos, que requieren de trabajo y esfuerzo para sacarlos y convertirlos en monedas, que mantienen su valor en cada lugar del mundo, sino de papel impreso que no tiene valor intrínseco alguno y sólo lo reciben en cada país, exceptuando los de los grandes bloques, como el dólar americano que pierde valor cada día más aceleradamente desde la introducción del Euro, que junto al Yen constituyen los dineros más usados a nivel internacional.

En Venezuela desde 1918, fecha de aprobación de la ley de monedas que establecía que el bolívar era 290.323 millonésimas de gramo de oro (0,29 grs.) cualquier banco podía emitir billetes con la obligación de cambiarlos en oro (que tiene valor en el mundo entero) a esa tasa que establecía la ley.

En 1,939 crearon por ley al banco central, el cual comenzó a operar en 1.940 y, también por ley, le dieron el monopolio en la emisión de billetes; a pesar de que el sistema previo, en el cual cualquier banco podía ser emisor, había funcionado a la perfección.

El Banco Central cumplió a cabalidad con su obligación de cambiar en oro los billetes a la tasa establecida por la ley durante largo tiempo (hasta 1957, con un intermedio entre 1945 y 1948), y a partir del derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez comenzó el banco central a dejar de cumplir con tal obligación. Y no sólo dejó de cambiar los billetes en oro a la tasa preestablecida por la ley, sino que comenzó a imprimir billetes para financiar al gobierno de turno. Y, comoquiera que todo lo que se hace más abundante tiende a perder su valor, así mismo al BCV le comenzó a resultar imposible cambiar en oro todos los billetes que habían emitido; razón por la cual Carlos Andrés Pérez, en 1974, promulgó de manera inconstitucional una ley del Banco Central en la cual derogaba la ley de monedas de 1918 (modificada en varias oportunidades), y por medio de la cual convertía al bolívar en un simple papel impreso del valor que le diera la gana a los jerarcas de turno. Y  en lugar de que fuese una cantidad determinada de oro, con valor en el mundo entero, el bolívar pasó a tener su valor determinado por el dólar americano, pudiéndose supuestamente recibir un dólar por cada 4,30Bs. Pero como continuaron creando dinero a patadas, llegó el momento en que no podían cambiar más los bolívares en dólares a esa tasa, haciéndolo tan sólo para una parte de la población (los amigos y cómplices) y así el bolívar pasó a ser una burla y un medio de desplumar a la población privándola de su legítima propiedad, y empobreciendo más a los más pobres; a aquellos a quienes los gobiernos populistas (1958-2004) siempre han afirmado querer proteger y ayudar. Esa, en dos platos, es la historia del dinero; y por medio de ella podemos llegar a entender que las utilidades cambiarias del BCV no son otra cosa que su negativa de entregar algo de valor a cambio de los billetes, que pierden el suyo debido a la falsificación que lleva a 4.456.226 de bolívares en existencia, cuando había tan sólo 1.774,45 millones de bolívares cuando se fue el Gral. Pérez en el 57. Es decir, hoy hay 2511 veces la cantidad de dinero emitido por el BCV (moneda y billetes) que el que hubo a inicios de la democracia tramposa y empobrecedora. La liquidez ampliada (que incluye el dinero crediticio creado por la banca) era en el 57 de 4.719,874 millones de bolívares; y hoy es de 321032.022 millones (32 y tantos billones) de bolívares. Es decir 6786 veces lo que era en 1957 lo que hace que los dólares u oro que pueda tener el banco para entregar a cambio de los billetes (si es que estuviera dispuesto a hacerlo) es cada día inferior y por ende, sus utilidades son tan sólo el resultado de un fraude, ya que dan  un monto de dólares cada día menor por la misma cantidad de bolívares.
















3erPolo

hans-herman-hoppe-banner.jpg